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Mi Ciclo de Curación

Entrada re-editada de Junio de 2015

Bufff, hoy no sé por dónde empezar… Estoy al borde del colapso por todo lo que me ha ocurrido últimamente.

Durante estas dos semanas he estado en dos países diferentes, me he reencontrado con viejos amigos, he conocido a unas 20-30 personas maravillosas, he conectado con viejos deseos que están más presentes de lo que creía, me he dado cuenta de una necesidad concreta para superar un asunto del pasado que sigue pesándome, y me voy a permitir cubrirla, y sobre todo, he hecho un descubrimiento que creo, cambiará mi vida.

Culpabilidad, perdón, gratitud y abundancia

(y cómo todo esto se inter-relaciona)

He hecho consciente algo que, de algún modo, ya sabía.

Gran parte de mi identidad está marcada por un sentimiento de culpabilidad.

A veces ese sentimiento se ha proyectado hacia otros, justa e injustamente, pero darme cuenta de que la que se siente culpable soy yo, incluso de aquello en lo que yo no fui “perpetradora”, ha hecho que cambie de perspectiva y, a pesar de lo que pueda parecer, me ha empoderado, porque el poder de cambiar eso radica única y exclusivamente en mí.

“Venga ya, ¿y cómo es eso, Cris?”

Culpable por haberme dejado tratar de esta o aquella manera, culpable por no haber sido capaz de evitar aquello o esto otro, de no conseguir esto o aquello, culpable sin más.

Creí que el perdón empezaba por fuera, siempre oyes “perdona a Fulanito”, “perdona a Menganita”, pero no solemos oír, al menos no en contextos cotidianos, “perdónate a ti mismo”,  y si lo oímos o lo decimos se nos dibujan caras de poker.

¿Por qué cosas?

Perdonarme por no haberme tenido en cuenta, por no haberme cuidado, que al fin y al cabo es la mejor manera en la que demostramos que nos queremos, así que culpable por no haberme querido. Entonces lo entendí, el perdón empieza por dentro, no por fuera.

El perdón, como casi todo lo emocional, va de dentro a fuera.

(Twittea esto)

Seré capaz de perdonar a aquellos que me ofendieron cuando sea capaz de perdonarme a mí misma por no haberme cuidado y haber permitido las ofensas, incluso aquellas que eran inevitables.

Y ojo, no digo que en todos los casos tenga que ser así, digo que en el mío lo está siendo.

Por fin he descubierto cómo acabar con esta sensación que me ha impedido disfrutar a tope de las cosas que me han pasado en la vida, de aquellas que he conseguido, de las personas que me han querido y me quieren.

La culpabilidad me hacía no merecedora, así que no disfrutaba, siempre tenía esa sensación de insatisfacción latente. Y soy inconformista, sí, lo soy, y me encanta serlo, pero eso no está reñido con saber disfrutar y aprovechar todo aquello que la vida me brinda, aunque sepa que mejorarlo es posible y no cese en mi esfuerzo por hacerlo.

Cuando consiga perdonarme a mí misma, sé que el perdón exterior vendrá a continuación, quizás no sin trabajo y esfuerzo, pero llegará y en ese momento seré capaz de agradecer a la vida aquello que me dolió, ofendió o agredió, me ha hecho ser quien soy, esta Cris, más fuerte, valiente, vulnerable, visible, auténtica, honesta… Porque nada ocurre por casualidad…

Actualmente todo el mundo habla de la abundancia, y parece que basta con querer algo, desearlo de la forma correcta y aparecerá. Esa idea me pone un poco nerviosa, porque aunque me gusta pensar que no hay que sufrir para conseguir las cosas, también creo que esos deseos y sueños se hacen realidad a base de trabajo, lo que no necesariamente implica sufrimiento.

Y de verdad creo que el primer paso para la abundancia es la gratitud, la gratitud sincera de lo que ya tienes, y de lo que confías que tendrás. En mi caso, sólo podré llegar a la gratitud a través del perdón.

Toda esta reflexión se disparó gracias a una intervención en un grupo de personas maravillosas, con el que me sentí tan cómoda, tan protegida, tan poco juzgada que pude mostrar-me y expresar-me en mi plena autenticidad. El fin de semana pasado fue el primer encuentro de Enmagiate en Madrid y puedo decir que ha sido una gran experiencia, que me ha marcado y me ha hecho sentirme… plena, orgullosa, conectada.

Nunca imaginé, cuando me apunté a ese curso, que me iba a aportar tanto. Ese grupo de personas tiene un potencial, una energía, una generosidad, una creatividad, una valentía y una fuerza tremendos, dignos de admirar. No puedo decir nada más que GRACIAS a todas y cada una de las estrellas enmagiadas que hicieron de ese fin de semana un momento mágico, porque descubrí que todo es posible, que el potencial humano es grandísimo y bellísimo y que la verdadera magia no es más que eso, la belleza y el potencial humanos. Por supuesto no puedo dejar de nombrarles a tod@s como parte de mi homenaje y gratitud: Noemí, Álvaro e Inhar, Nines, Marta, Alejandra, Cristina A., Olga, Andrea, Magda, Beti, Gloria, Paula, Nany y Clara, Maria Eugenia, Susana, Rebeca, Leticia, Eva M., Esperanza, Toño, Hana, Randa y Sirah. Este grupo es mucho más amplio y hubo muchas estrellas a las que echamos de menos, tod@s ell@s, los presentes y los ausentes aportan valor al mundo Enmagiate y a mi propio mundo.

GRACIAS. Me siento tremendamente agradecida y orgullosa de formar parte de este circo.

Gracias por haber sido el disparador de toda esta reflexión que sé que me cambiará la vida (una vez más).

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